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miércoles, 3 de febrero de 2010

Reforma del sistema de pensiones

En el año 2050 se espera que el 30 por ciento de la población en España tenga más de 64 años. Esto se debe fundamentalmente a dos variables: por un lado, la esperanza de vida de los españoles aumenta de manera muy rápida; y por otra parte, la tasa de natalidad se ha desplomado y las perspectivas no indican una variación en la tendencia.

Si dentro de 40 años, incluso antes, no variamos nuestro sistema de pensiones (cotizaciones a la Seguridad Social, pensiones, prejubilaciones, etc…) la situación será insostenible. Vamos, que no se podrá hacer frente económicamente a la situación. Es por ello que el Gobierno ha tomado una serie de decisiones que afectan de manera directa a todos los trabajadores.

En principio, la reforma más impopular consiste en el aumento de la edad de jubilación de los 65 hasta los 67 años. Pero hay otras. Entre ellas destacan el aumento de la edad mínima de prejubilación (antes estaba en los 52 años, y pasaría a estar en los 58 años); eliminación de las pensiones vitalicias de viudedad (sustituirlas por una indemnización o una prestación temporal); así como elevar el periodo cotizado que se tiene en cuenta para determinar la cuantía de la pensión (de 15 años pasaríamos a 20, lo que disminuiría sustancialmente la cuantía de las pensiones).

Las reacciones ante las medidas prefijadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no se han hecho esperar. En esta ocasión, el Banco de España y la CEOE están de acuerdo, mientras el resto de partidos políticos y los sindicatos critican la medida. Sin embargo, la queja gira más en torno a las formas que al fondo de la cuestión.

Todos los partidos, excepto IU creen necesario una variación del sistema. De hecho el Partido Popular propone alguna de las medidas que han hecho públicas los socialistas. ¿En que están en contra entonces? En que la decisión se haya tomado sin un consenso previo. Un consenso que siempre había existido previamente en toda remodelación de la Seguridad Social desde la firma del Pacto de Toledo.

Si, aumentar la edad de jubilación es una medida poco o nada apreciada por los trabajadores, pero es, si queremos seguir con el mismo sistema de pensiones, una de las decisiones que debía tomar este Gobierno. Una decisión que, no obstante, ha tenido dos graves errores: la sensación de improvisación a la hora de ser tomada y la falta de consenso político a la hora de su gestación. En el fondo es correcta, pero en las formas han fallado. Esperemos que en futuras reformas, que las habrá, aprendan de sus errores. Esto no se puede volver a repetir. Hasta otra compañer@

martes, 2 de febrero de 2010

ATC o Ausencia Total de Consenso


De nuevo la energía nuclear. Parece ser que de un modo u otro no nos vamos a librar nunca de un debate que vuelve a copar las primeras páginas de los periódicos así como los titulares de los telediarios. En esta ocasión, el problema surge a raíz de la ubicación del Almacén Temporal Centralizado (ATC) de residuos nucleares de alta actividad. Vamos, que la cuestión es donde dejar la basura que expulsan las ocho centrales nucleares que hay en activo en España.

Antes de continuar con el debate de la situación del “basurero nuclear” creo necesario ir un poco más allá, y sacar a la luz la ausencia de un dialogo público sobre si España debe volver al modelo nuclear o decantarse de una manera definitiva por las energías alternativas. ¿Por qué hago hincapié en este aspecto? ¿No ha quedado suficientemente claro que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero apuesta por las energías alternativas?

Claro está que el PSOE ha elegido la vía de las fuentes de energía renovable, pero ¿Qué pasaría si en las próximas elecciones sube al poder el Partido Popular?¿Seguiremos teniendo tan claro esa ponderación por la energía eólica, la hidráulica o la solar, o en cambio, volveremos a dar mayor peso a la energía nuclear?

Pues lo que está claro es que no está claro. Porque al igual que en otras muchas materias (sanidad, educación, política exterior) hay una ausencia total de consenso entre los dos grandes partidos políticos en política energética. En mi opinión una ausencia de visión de Estado que convierte a España en un velero a la deriva en las materias citadas. Pero bueno, por lo visto y oído, esta tendencia no va a variar.

De vuelta al tema de candente actualidad, lo que parece muy claro es que ninguna comunidad de vecinos quiere tener como inquilinos en el “chalet” de al lado cientos de residuos nucleares de alta actividad. Pese a los 300 puestos de trabajo que generaría. Pese a los millones que ofrece el Gobierno por alojar el ATC. Pese a ... quien le pese. Decidirá el Gobierno, pero el lio está asegurado. Hasta otra compañero

miércoles, 4 de noviembre de 2009

¡Incluso por delante del terrorismo!

El último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha recogido, entre otras variables, cuales son los temas que más nos importan a los españoles. Como era de esperar el empleo (más bien el desempleo) y la situación económica copan la lista. Sin embargo, en cuarto lugar, y por detrás de la inmigración, se sitúa la preocupación de los ciudadanos por la clase política, los partidos políticos. ¡Incluso por delante del terrorismo!

¿Qué ha pasado para que nos preocupe tanto la clase política, las personas que nos representan? Sinceramente, la gestión de la crisis por parte del PSOE, el vergonzoso caso Gürtel o la lucha por Caja Madrid en el PP o los casos de corrupción que están saliendo a la luz en toda España, han ido minando poco a poco la confianza que pudiéramos tener en los representantes públicos.

Por desgracia, tenemos lo que nos merecemos. Tenemos un grupo de personas luchando por el poder, por llegar a lo más alto posible sin tener en cuenta cuál es el interés mayoritario de la sociedad. No hay intención de grandes pactos políticos para salir de la crisis; tampoco parece que la educación vaya a tener más suerte; la reforma de la Ley del aborto, etc...

Pero, porque no. Esto tiene un lado positivo. Es complicado que vaya a peor. Respiremos y miremos para adelante.

martes, 11 de noviembre de 2008

"La gente cree ahora que la lealtad es ser homogéneo con el líder"


Estas son algunas de las ideas que el ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ofrece en el semanario DOMINGO (9.11.08) del periódico EL PAÍS.

P. ¿Cómo Andalucía y Extremadura, dos comunidades gobernadas por el PSOE, pueden divergir en gestión de cuencas fluviales?

R. Depende del nivel de inoculación del discurso nacionalista en cada dirigente. Todo el mundo adopta el discurso nacionalista, y no ya sólo puntualmente, en un momento de defensa de lo tuyo. Yo no, yo sigo siendo socialista.

P. ¿Y Manuel Chaves [presidente de la Junta de Andalucía] no?

R. Bien, pero si él dice "este río es mío", ¿en qué se diferencia del nacionalismo?

(...
)

P. O sea, que Maragall le engañó.

R. No sé si le engañó o se vio forzado por las circunstancias. Gobernar sin mayoría absoluta es difícil. Lo que es cierto es que no se atuvo a lo acordado. La reforma empieza en Cataluña y se extiende. Se les pregunta a los catalanes: "¿Para qué quieren reformar su Estatuto?", y responden: "Para defenderme del Estado". Y luego vienen otras comunidades y dicen: "Queremos reformar el Estatuto para defendernos de Cataluña".

(...)

P. Apuesta entonces por un sistema bipartidista...

R. Bipartidista o como el de Gran Bretaña, donde hay un partido bisagra para no depender de políticas territoriales.

(...)

P. ¿Guarda buena relación con el partido?

R. Estoy bastante fuera, pero tengo afectos. Al final, cuando llegaba a la Ejecutiva Socialista, me sentaba y me preguntaba: "¿Dónde están mis amigos?". Te encuentras gente de otra generación y es posible que eso cree cierto distanciamiento. Meter gente nueva no es garantía de innovación. Vengo de un tiempo donde la discrepancia era la norma fundamental: se discutía duro, y luego salíamos y éramos amigos. Nunca pensé que en una Ejecutiva discutir pudiera ser entendido como una animadversión. El problema ahora es que la fotografía del partido es heterogénea: jóvenes, mujeres... pero el discurso es muy homogéneo, frente a la heterogeneidad del discurso de la época de Felipe. La gente cree ahora que la lealtad es ser homogéneo con el líder, pero nadie se alimenta sólo de golosinas; el líder tiene que recibir golosinas y cosas que no le gusten: eso lo fortalece.

TEXTO ÍNTEGRO. ELPAIS.COM